¿Y si comenzamos a cambiar el mundo?

Published by

on

Hatetú, princesa de Egipto. Capítulo XIX. El Gran Creador, el Trueno y la Boda de Tres Días

El salón seguía vibrando por el zapatillazo cuando Parvati, con una calma que ya era sospechosa, chasqueó los dedos.

—Creo que necesitamos… serenidad.

Isis la miró con los ojos entrecerrados.

—¿Serenidad o manipulación espiritual?

—Lo que funcione —respondió Parvati.

Una mesa baja apareció entre ellas, cubierta de tazas, flores, especias y un vaporcito aromático que parecía cantar mantras.

Tururú se cruzó de brazos.

—Yo no bebo nada que haga aparecer muebles.

—Es té de la verdad —explicó Parvati—. Solo revela lo que ya llevas dentro.

Isis bufó.

—Pues yo llevo dentro un escándalo.

—Y yo llevo dentro paciencia —respondió Parvati.

—Y yo llevo dentro ganas de repartir zapatillas —añadió Tururú.

Parvati sirvió el té. El vapor subió como si quisiera huir del drama.

Isis tomó un sorbo… y de pronto dijo:

—¡ME DA RABIA QUE SEAS TAN GUAPA!

Parvati parpadeó.

—Ah. Empezamos fuerte.

Tururú bebió también.

—A mí me da rabia que mi hija se meta en líos con mujeres que flotan.

Parvati bebió.

—A mí me da rabia que tu familia haya entrado en mi casa como si fuera un mercadillo de dioses.

Isis bebió más.

—¡Y me da rabia que te casaras con mi marido sin avisar!

Parvati suspiró.

—Isis… tú estabas en tu fase “no quiero saber nada de nadie”.

—¡Pero eso no significa que puedas casarte con mi marido!

—Técnicamente —dijo Parvati—, también es mi marido.

Tururú levantó la zapatilla.

—Pues ahora es mío.

Parvati tragó saliva.

—¿Cómo que suyo?

—Porque yo soy la suegra —dijo Tururú—. Y la suegra manda.

El té burbujeó como si quisiera aplaudir.

Las abuelas antihippies, viendo que el ambiente estaba “demasiado tranquilo”, decidieron actuar.

Hapsetsup golpeó el suelo con un bastón ceremonial.

—¡SE ABRE EL JUICIO!

Parvati se llevó las manos a la cabeza.

—¿Juicio? ¿En mi salón?

Nefernefer ya había colocado cojines en forma de estrado.

—Aquí mismo. Que la justicia no espera.

Sekhmeht desplegó un papiro.

—Acusado número uno: Hanuman, por robo múltiple, travesura agravada y apropiación indebida de Totoro.

Hanuman, aún con la marca del zapatillazo, levantó la mano.

—Objeción: Totoro me miró y me dijo “llévame”.

Keiko gritó:

—¡MENTIRA! ¡TOTORO NO HABLA!

El camello motorizado hizo un sonido que parecía decir “yo declararía culpable”.

Sekhmeht continuó:

—Acusada número dos: Parvati, por casarse con el marido de Isis sin rellenar el formulario 27B de “Poligamia Interdimensional”.

Parvati abrió la boca, ofendida.

—¡Eso no existe!

—Pues debería —respondió Hapsetsup.

—Y acusada número tres —añadió Nefernefer—: Isis, por montar escándalos internacionales sin permiso del Alto Egipto.

Isis se levantó indignada.

—¡YO SOLO VENGO A DEFENDER MI MATRIMONIO!

—Y yo vengo a defender mi salón —dijo Parvati.

Tururú se colocó en el centro.

—Y yo vengo a defender la dignidad familiar. Y a repartir zapatillas si hace falta.

Hanuman levantó la mano otra vez.

—¿Puedo declararme inocente?

—NO —gritaron todos.

Y entonces…

Un trueno sacudió el palacio‑templo. Las lámparas vibraron. Las columnas temblaron. El elefante decorativo se tapó los ojos.

Una voz profunda resonó:

—¿QUÉ ESTÁ PASANDO AQUÍ?

Isis palideció.

Parvati enderezó el sari.

Tururú aferró la zapatilla como si fuera un arma sagrada.

Hanuman se escondió detrás de Totoro.

El convoy entero contuvo la respiración.

La puerta se abrió de golpe.

Y allí estaba él.

El marido. El esposo compartido. El hombre que había provocado dos bodas, tres dramas y un convoy internacional.

Entró con paso solemne, adornado con joyas, coronas, flores y un aura que decía “no sé qué he hecho pero seguro que fue grave”.

—Isis… Parvati… ¿por qué hay un camello motorizado en mi casa?

Isis señaló a Parvati.

—¡PORQUE ELLA SE CASÓ CONTIGO!

Parvati señaló a Isis.

—¡PORQUE ELLA NO VINO A LA BODA!

Tururú señaló a todos.

—¡PORQUE NADIE ME RESPETA!

El marido suspiró.

—Yo solo… quería… paz.

Las abuelas se rieron.

—¡JA! ¡Paz dice!

Hanuman gritó desde detrás de Totoro: —¡YO NO FUI!

El marido lo miró.

—Hanuman, tienes mi corona.

—No es tuya —respondió el dios mono—. Me la regaló el destino.

Tururú levantó la zapatilla.

—¡SE ACABÓ! ¡AQUÍ HABLA LA SUEGRA!

El marido tragó saliva.

—¿La suegra… de quién?

Tururú sonrió con una calma aterradora.

—La tuya.

El marido palideció.

—Ah. Perfecto.

El juicio seguía sin avanzar. Hanuman alegaba inocencia. Keiko gritaba por Totoro. Las abuelas discutían sobre si la poligamia interdimensional requería sello oficial. Tururú afilaba la zapatilla contra una columna. El marido sudaba.

Y entonces…

BOOOOOOOOOOM

Un trueno estalló dentro del palacio‑templo. Las lámparas se apagaron. Las columnas vibraron. El elefante decorativo se desmayó del susto.

Una nube de rayos, humo y truenos tomó forma en el centro del salón.

Una voz retumbó:

—YA ESTÁ BIEN.

Todos se quedaron congelados.

—YA ESTÁ BIEN DE JUICIOS. YA ESTÁ BIEN DE ZAPATILLAS. YA ESTÁ BIEN DE ROBOS. YA ESTÁ BIEN DE DRAMAS. YA ESTÁ BIEN DE TODO.

Isis tragó saliva.

Parvati enderezó el sari.

Tururú levantó la zapatilla como quien dice “a mí no me grites”.

La nube de rayos se condensó y apareció él:

El Gran Creador. Majestuoso. Brillante. Enfadado. Y con un aura de “me habéis arruinado la tarde”.

—Isis. Parvati.

Las dos se miraron como dos niñas pilladas robando galletas.

—Id a los aposentos privados del palacio —tronó él—. Y esperadme allí.

Isis abrió la boca.

—Pero yo…

—A LOS APOSENTOS.

Parvati intentó hablar.

—Es que yo…

—A. LOS. APOSENTOS.

Tururú murmuró:

—Uy, uy, uy… este viene con energía.

Isis y Parvati se fueron, una flotando, la otra arrastrando glitter.

El Gran Creador las siguió, envuelto en rayos.

La puerta se cerró.

Y el juicio continuó como si nada.

Hanuman levantó la mano.

—Propongo que declaremos culpable al camello motorizado.

El camello motorizado bufó indignado.

Keiko gritó:

—¡NO ACUSES A MI CAMELLO!

Sekhmeht revisaba sus papiros.

—Según mis cálculos, llevamos tres horas y no hemos avanzado nada.

Hapsetsup golpeó el bastón.

—¡PROPONGO RECESO PARA MERENDAR!

Todos aplaudieron.

Tururú suspiró.

—Esto es peor que las reuniones de vecinos del Alto Egipto.

Tres horas después…

La puerta de los aposentos se abrió.

Y aparecieron:

Isis. Parvati. Y el Gran Creador.

Los tres con: el pelo revuelto, las túnicas arrugadas, sonrisas demasiado amplias, miradas cómplices y un aura de “aquí ha pasado ALGO”

Keiko los miró con los ojos entrecerrados.

—¿Qué… qué… qué habéis hecho?

Isis respondió con una voz dulce, casi cantarina:

—Armonía.

Parvati añadió:

—Equilibrio espiritual.

El Gran Creador sonrió como quien ha firmado un tratado de paz… o algo más intenso.

—Se celebrará una boda —anunció—. Una boda de tres días.

Todos se quedaron boquiabiertos.

—¿Otra boda? —preguntó Moisés.

—¿De quién? —preguntó Nefru‑Luna.

—¿Con quién? —preguntó Hanuman.

El Gran Creador abrió los brazos.

—De nosotros tres.

Tururú se santiguó con la zapatilla.

—¡Ay, Señor, lo que faltaba!

El anuncio de la boda corrió más rápido que Hanuman robando cosas.

En minutos, aparecieron:

Ganesha, con su cabeza de elefante, oliendo incienso y dulces.

Durga, con sus doce brazos, cada uno sosteniendo un regalo distinto.

Los hijos azules del Gran Creador, pintados como si fueran avatares de festival.

Las abuelas antihippies, con abanicos y críticas listas.

Keiko, grabándolo todo para su anime personal.

Moisés, buscando el baño otra vez.

Anubis, oliendo a todos, metiendo el hocico donde no debía, y haciendo cosas de perro con todos los invitados.

Durga gritó:

—¡QUE ALGUIEN APARTE AL PERRO DE MIS BRAZOS!

Ganesha reía.

—Déjalo, mujer, está bendiciéndote.

—¡ME ESTÁ MORDIENDO EL BRAZO OCHO!

La boda fue un delirio absoluto.

Día 1: Ritual Sagrado

Parvati flotando.

Isis montada en la moto dentro del templo.

El Gran Creador con corona triple.

Hanuman robando los anillos.

Tururú lanzando pétalos y zapatillas.

Ganesha llorando de emoción.

Durga usando seis brazos para aplaudir y seis para criticar.

Día 2: Banquete Interdimensional

Comida egipcia, india, japonesa y del Alto Egipto.

El camello motorizado comiéndose el postre.

Keiko haciendo cosplay de diosa.

Anubis robando kebabs.

Las abuelas discutiendo sobre si el curry era demasiado espiritual.

Día 3: Fiesta Final

Música divina.

Bailes imposibles.

Glitter cayendo del cielo.

El Gran Creador haciendo trucos de magia.

Isis y Parvati bailando juntas como si fueran hermanas.

Tururú llorando de emoción y orgullo.

Al final del tercer día:

La familia india se despidió con reverencias, flores y dulces.

Las abuelas antihippies se fueron criticando la decoración.

Hanuman se llevó tres cosas que no eran suyas.

Ganesha abrazó al camello motorizado.

Durga prometió volver con más brazos si hacía falta.

El Gran Creador desapareció en un destello.

Parvati volvió a su palacio flotando.

Isis subió a la moto con su familia.

Y mientras arrancaba, tenía en la cara una sonrisa…

Una sonrisa de éxtasis. De paz. De “me han arreglado el alma”. De “esto no lo cuento ni en terapia”.

Keiko la miró.

—¿Estás bien?

Isis respondió:

—Estoy… divina.

Two celestial figures in sun and moon-themed robes hold hands with a glowing, winged figure between them, surrounded by cosmic elements and observers.

Deja un comentario

Ponte en contacto con nosotros

Bienvenido a un mundo de posibilidades ilimitadas, donde el viaje es tan emocionante y donde cada momento es una oportunidad.

← Volver

Gracias por tu respuesta. ✨

Descubre más desde ¿Y si empezamos a cambiar el mundo?

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo