¿Y si comenzamos a cambiar el mundo?

Published by

on

Hatetú, princesa de Egipto. Capítulo XVI. Isis la reina de la Yakuza del Dragón Carmesí del Loto Eterno.

El salón del trono estaba en silencio. Un silencio espeso, incómodo, lleno de miedo y olor a incienso quemado.

Isis se había ido.

En moto.

Llorando.

Gritando algo sobre Parvati, la India y la venganza divina.

La familia seguía paralizada.

Hatetú fue la primera en hablar.

—Bueno… esto… esto no es normal.

Tururú, su madre, la miró con los ojos muy abiertos.

—¿Desde cuándo algo en esta familia es normal?

Nefru‑Luna levantó la mano tímidamente.

—¿Y si… y si Isis se une a una banda de moteros de verdad?

El Gran Creador se desplomó en un sillón.

—No… no puede ser… ¡Isis en una banda de moteros! ¡Mi esposa! ¡La madre de Horus! ¡La diosa de la magia! ¡No!

Anubis, sentado en el suelo, emitió un gemido largo y dramático.

Y entonces…

entró Keiko.

Con su mochila enorme.

Con sus gafas redondas.

Con su cuaderno de detective manga.

Y con una expresión de “yo sé algo que ustedes no saben”.

Se plantó en medio del salón, respiró hondo y dijo:

—Tranquilos. Yo sé lo que está pasando.

Todos la miraron como si fuera la última esperanza del universo.

Hatetú se acercó.

—Keiko… ¿vos sabés algo de moteros?- preguntó José.

Keiko asintió con solemnidad.

—Sí. Lo aprendí en los mangas.

Silencio absoluto.

Turú y el «comando anti hipies» tragaron saliva.

—¿Y… qué dicen los mangas?

Keiko abrió su cuaderno. Tenía dibujos, flechas, notas en japonés, caricaturas de motos y un gato ninja.

—Según mis investigaciones —dijo con tono grave—, las concentraciones de moteros son en realidad reuniones secretas de la Yakuza japonesa.

La familia quedó petrificada.

—¿La… Yakuza? —susurró Nefru‑Luna.

—Sí —asintió Keiko—. Y no cualquier Yakuza. La Yakuza del Dragón Carmesí del Loto Eterno.

El Gran Creador se agarró el pecho.

—Voy a morir.

Keiko siguió, cada vez más metida en su papel:

—Ellos reclutan a diosas poderosas para misiones especiales. Misiones ultrasecretas. Misiones que solo pueden realizar seres con habilidades mágicas, experiencia en combate y… —miró a todos con dramatismo—… problemas matrimoniales.

Hatetú abrió la boca.

—¿Problemas matrimoniales?

—Sí —dijo Keiko—. Es un requisito. Lo leí en Motores del Destino: Amor y Katana, volumen 7.

Tururú se tapó la boca.

—¡Entonces Isis cumple todos los requisitos!

Keiko asintió con gravedad.

—Exacto. Y si la Yakuza la recluta… —hizo una pausa teatral—… podría convertirse en la Reina Motera del Dragón Carmesí.

El Gran Creador se desmayó.

Anubis aulló.

Nefru‑Luna empezó a abanicar al Gran Creador con una hoja de papiro.

Hatetú se agarró la cabeza.

—¡No puede ser! ¡Mi abueli, mi tiita no puede convertirse en reina de la Yakuza!

Keiko levantó un dedo.

—Pero hay más.

Todos se quedaron helados.

—¿Más? —preguntó Moises, temblando.

Keiko abrió otra página del cuaderno. Había un dibujo de Isis en moto, rodeada de dragones, katanas y corazones rotos.

—Según los mangas —dijo Keiko—, cuando una diosa entra en la Yakuza…

ya no vuelve jamás.

Silencio absoluto.

Un silencio tan profundo que hasta las estatuas parecían contener la respiración.

Hatetú murmuró:

—Estamos perdidos.

Keiko cerró el cuaderno con un golpe dramático.

—Pero no todo está perdido. Porque según el volumen 12, existe una forma de traerla de vuelta.

Todos se inclinaron hacia adelante.

—¿Cuál? —preguntó Hatetú.

Keiko sonrió con brillo manga en los ojos.

—Un viaje. Un viaje épico. Un viaje peligroso. Un viaje lleno de motos, dragones, templos, ninjas y emociones intensas.

La familia tragó saliva al unísono.

—Tenemos que ir a buscarla —dijo Keiko—. A la India. A la Yakuza.

Al corazón del misticismo.

Hatetú se llevó la mano a la frente.

—Ay, Dioses… ¿qué hicimos para merecer esto?

Anubis ladró como si dijera: nacieron.

El salón del trono seguía vibrando por la revelación manga de Keiko. El Gran Creador seguía desmayado. Anubis seguía ladrando a la pared. Y Hatetú seguía con cara de “¿por qué nací en esta familia?”.

Keiko cerró su cuaderno manga‑detective con un golpe dramático.

—Tenemos que ir a buscarla —dijo—. Antes de que la Yakuza del Dragón Carmesí del Loto Eterno la convierta en su reina motera.

Hanwashet, que estaba a su lado, asintió con la seriedad de un héroe shōnen.

—Keiko tiene razón. Mi abuela no puede andar sola por Asia. Es peligrosa.

—¿Para ella? —preguntó Hapshetsut.

—No —respondió Hanwashet—. Para Asia.

Hatetú se levantó de golpe.

—¡Muy bien! ¡Organizamos una expedición! ¡Una misión de rescate! ¡Una operación internacional! ¡Una…!

El Comando Antihippies levantó los puños.

—¡OPERACIÓN ANTI‑DIOSA DE LA YAKUZA! —gritaron.

Hatetú suspiró.

—Bueno… algo así.

Hatetú, como princesa responsable (más o menos), se subió a una autocaravana gigantesca, decorada con jeroglíficos y pegatinas que decían “NO A LOS HIPPIES”.

El Comando Antihippies se acomodó dentro con mochilas, mapas, catalejos y una cafetera industrial.

Keiko y Hanwashet se subieron a un todoterreno japonés, lleno de pegatinas manga, banderitas, un GPS que hablaba en japonés y un peluche de Totoro colgando del retrovisor.

Keiko llevaba gafas de aviador. Hanwashet llevaba una katana de mentira que ella le había regalado.

Moisés y Nefru‑Luna se unieron en un camello motorizado (no preguntes cómo funciona, nadie lo sabe).

Sekhmeht, la hermana mayor de Basthet, apareció con una armadura ligera y una lanza, lista para la aventura.

¿Y José?- preguntó Keiko.

José levantó la mano tímidamente.

—Yo… yo me quedo. Basthet está embarazada, dormida, borracha y divina. No puedo dejarla sola. Además… —miró al Gran Creador, que seguía tirado en el suelo—… alguien tiene que seguir dándole terapia al repudiado.

El Gran Creador abrió un ojo.

—¿Repudiado yo?

—Sí —respondió Hatetú—. Por ahora sí.

José suspiró.

—Bueno, venga. Pasá mañana a las diez. Hoy no estoy para escucharte.

Ponte en contacto con nosotros

Bienvenido a un mundo de posibilidades ilimitadas, donde el viaje es tan emocionante y donde cada momento es una oportunidad.

← Volver

Gracias por tu respuesta. ✨

Descubre más desde ¿Y si empezamos a cambiar el mundo?

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo