¿Y si comenzamos a cambiar el mundo?

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Cuando la gente se va el té se enfría, proverbio chino.

En aquella posada del fracaso donde no había consuelo ni ascensor, preparamos el té y nos amamos en un sucio colchón.

En aquella posada donde todo se reducía a ti, a mí, a nosotros; donde tomábamos el té, donde la luz soñolienta de la tarde se filtraba por las rendijas de la persiana y de las cortinas, iluminando el té como si fuera una líquida piedra mágica ancestral.

Cuando la gente se va, piensas por qué te roban el mes de abril.

Cuando te fuiste pensé por qué me robas el mes de abril.

Cuando te fuiste volvimos a aquella posada del fracaso que nos vio tomar el té verde como una medicina antigua y caliente.

Cuando estábamos en aquella posada —que dejaba de ser del fracaso mientras tomábamos aquel té verde— este estaba caliente, y la posada se convertía en una habitación con algo de encaje y flores de papel.

En aquella posada con algo de encaje y flores de papel, mientras tomábamos el té, me contabas pequeñas mentiras. Yo sabía que eran pequeñas mentiras y que, con el tiempo, reorganizaría en mi mente solo un día o dos para regresar a aquella posada del fracaso que convertimos en una habitación con algo de encaje y flores de papel, para volverte a decir: dime, dime mentiras, dime pequeñas mentiras que no puedes disfrazar de realidad mientras tomamos un té que cada vez se calienta más.

Si pudiera cambiar la historia, reescribir la página… Aunque no estoy haciendo planes, espero que entiendas que hay una razón por la que cierras los ojos mientras te vas.

No más corazones rotos. Estamos mejor separados.

Pero escucha atentamente el sonido de tu soledad mientras te tomas un té frío. Escúchalo como un latido que te vuelve loca mientras te tomas un té frío.

En la serenidad de recordar lo que tenías y lo que perdiste: un té calentado entre dos, un té que brillaba como una magia antigua.

Un té que brillaba mientras me decías mentiras, pequeñas mentiras que me hacían tocar el cielo con la punta de los dedos.

El trueno solo sucede mientras llueve, mientras nos amábamos en aquella posada del fracaso en la que no había consuelo ni ascensor y que convertiste en una habitación con algo de encaje y flores de papel. Sigue diciendo que las mujeres van y vienen, sigue diciendo mentiras, pequeñas mentiras.

Cuando la lluvia te limpie querrás volver a tomar aquel té que brillaba como magia antigua. Cuando la lluvia te limpie sabrás que lo que más deseabas era tomar aquel té caliente. Cuando la lluvia te limpie, lo sabrás.

Cuando se fue, la habitación con algo de encaje y flores de papel se convirtió en la posada del fracaso.

Cuando se fue, el té se enfrió.

Siempre, siempre que la gente se va, el té se enfría.

2 respuestas a «Cuando la gente se va se enfría el té»

  1. Avatar de Eva

    Una preciosa entrada, hermosamente triste y cierta. No conocía el proverbio chino, pero es muy profundo y va más allá de lo intelectual, a lo sensitivo, a esos detalles, a los ritos que compartimos con los que amamos y un día ya no están por el motivo que sea. Ahí es donde más duele la ausencia. Me ha gustado mucho. Un fuerte abrazo, Alfonso

    1. Avatar de alfmartmart

      Muchísimas gracias, Eva guapísima.

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