Esperando a que llegue el viento
Hace mucho, mucho tiempo, en un lejano país, vivía la esperanza.
Aquel era un mundo extraño, al menos para ella.
A veces, la esperanza se sentía alegre y cálida, como la primavera.
Otras veces se sentía extrañamente vulnerable, rota, fría y oscura, como el invierno.
A veces creía volar alto, como las golondrinas.
Otras veces sentía que caía y volaba sobre el río, haciendo un surco en las aguas azules.
A veces se detenía, como se detienen los suspiros o como, a veces, se detiene el mundo; ese mundo que gira y gira y gira hasta marearte, como si estuvieras borracha.
Cuando la esperanza se detenía, esperando que el mundo se detuviese por sí mismo, esperaba a que llegase el viento, esperando a que los pensamientos se guardasen en su cajón.
Esperando a que llegue el viento, los pensamientos se convierten en polvo.
Cuando llegó el viento, los pensamientos, los recuerdos, convertidos en polvo, se fueron con él.
Esperando a que llegue el viento, los pensamientos se convierten en polvo.


2 respuestas a «Esperando a que llegue el viento»
Qué gran reflexión sobre la paciencia y el cambio. A veces nos pasamos la vida esperando a que llegue ese viento que nos impulse a movernos del lugar en el que estamos, intentando descifrar hacia dónde nos llevará. Leyendo tu entrada, pensé en cómo las decisiones y las verdades humanas a veces son las que terminan por generar su propio aire y encender nuestras emociones.
Si te atraen las historias donde los sentimientos y los cierres personales nos ponen a prueba, te invito a pasar por el Capítulo 17 de «El Diario de Ema»: El centro del incendio. ¡Te dejo el enlace por si te animas a leerlo!
https://andycalen.wordpress.com/2026/03/06/cap-17-el-centro-del-incendio/
¡Un abrazo y felicidades por tus letras!
Gracias por tus palabras, amigo.
Lo leeré.
Si quieres puedes leer las tres novelas que tengo subidas en el blog, “La duquesa china», «Geografía de una ausencia» y «El corazón ausente». Ya me dirás y ya te diré. Gracias, amigo.