Te extrañará mi pregunta, pero es una pregunta que me hago desde que ví un pequeño documental de una productora China, en la que trataban el asunto de la caída del índice de matrimonios en este país y trataba, si no de analizar en profundidad este fenómeno, si trataba de, al menos, identificar las causas.
Extrañamente, las exposiciones que hacían tanto hombres como mujeres, no me resultaron ni lejanas ni extrañas, excepto por algún mínimo detalle cultural.
Los argumentos de las mujeres, ninguna mayor de 35 años, eran las mismas que las de las mujeres de aquí, es decir, soy una mujer empoderada, que tiene estudios universitarios, que tiene (o no) casa y coche propio y quiero ser madre, aunque ya con esta edad soy vieja… y quiero un hombre de buena familia, de un metro noventa de estatura, musculoso de gimnasio, con un rolex en la muñeca, treinta centímetros de virilidad, que sepa hacer todas las tareas domésticas, que sea propietario de una vivienda, tenga una abultadísima cuenta bancaria y como mínimo un Mercedes en la puerta.
¿Te suena?, las diferencias culturales eran que el novio y su familia tenían que pagar absolutamente todo, la dote (entre 30.000 y 50.000 €), la boda de super lujo, tres joyas de oro de altísima calidad más un diamante de la más alta calidad… y las exigencias no paraban. Los hombres, la mayoría jóvenes, argumentaban que ellos no estaban dispuestos a casarse ni con una sola de esas exigencias, luego la cosa salía mal y ellos se quedaban como el gallo de Morón, sin plumas y cacareando. ¿Te suena? Ellos entendían el amor, la pareja y la familia al estilo tradicional y sin ningún sesgo cultural que nos diferenciase de ellos.
No puedo dejar de comparar las dos culturas (término que no me gusta nada, y que la psicología social se empeña en utilizar una y otra vez) en parte por lo que me atañe. Como ves en esta breve exposición las dos culturas, los dos países no son tan diferentes, al menos en estas cuestiones.
Pero miremos un poco al pasado. En los años sesenta y setenta, al acceso a la formación superior, aunque no estaba explícitamente prohibida a las mujeres, no era algo generalizado entre esta parte de la población. Fue a partir de los años ochenta cuando el acceso a la universidad por parte de las mujeres se fue incrementando paulatinamente, uno de los factores fueron las madres que decían a sus hijas que estudiasen y así no tendrían que depender de un hombre el día de mañana y que así tendrían su propia pensión el día que se jubilasen. En China sucedió lo mismo. Durante los años sesenta y setenta, donde era más fácil el acceso a la vivienda y criar hijos los roles dentro de la familia y el matrimonio eran muy distintos a los que vendrían en las décadas posteriores. En aquellos años era habitual que el hombre universitario, estuviese casado con una mujer que casi no tenía formación, de lo que también se derivarían muchos problemas en las familias y en la sociedad. Lo mismo sucedía en China.
Al llegar las mujeres de forma masiva a la formación superior, se fueron creando otra serie de problemas sociales, de los que no me voy a hacer eco hoy aquí. Poco a poco se fue instaurando una sociedad que no era la que correspondía, quiero decir, ni las mujeres tenían por qué soportar el peso del trabajo, los hijos, etc mientras el hombre se rascaba… eso afortunadamente cambió, pero llego otro factor a tener en cuenta y fue el «yo no tengo por qué aguantar»… tanto para hombres como para mujeres y llegó la gran plaga del siglo XX, el divorcio, que puso muchas cosas en su sitio y sacó otras del lugar que les correspondía. No hay por que aguantar muchas cosas, pero antes de divorciarse hay que preguntarse qué hecho mal y muchas otras preguntas…
Después del divorcio llegaron las leyes de violencia de género, las feministas y tantas otras cosas, que no digo que no hubiesen sido necesarias, pero enfocándolas bien y no haciendo lo que han hecho, unas mujeres que a los treinta y cinco años son rechazadas por los hombres y hombres que a los treinta y cinco años prefieren estar solos luchando por su casa, su trabajo, su dinero y paz mental.
Aquí hay también otras circunstancias diferentes a las de china, como el difícil acceso a la vivienda o a un puesto de trabajo, algo que en China no sucede.
Sin embargo, como ves, el fondo de la cuestión es el mismo. En China también hay un fuerte movimiento feminista y este, como sabemos, no es más que otra estrategia de los anglosajones para reventar Estados estables.
Como sabes, ya te lo conté en estas mismas páginas hace tiempo, yo mismo me encontré con mujeres que pensaban y decían lo mismo que las chicas de ojos rasgados. ¿Recuerdas una canción qué decía? «las niñas ya no quieren ser princesas», ya no lo quieren ser, porque ahora creen que lo son y no, cariño, tu serás la princesa del tipo que te ame, sea un industrial de abultada cuenta corriente o el barrendero de tu calle.
¿Recuerdas que en los años sesenta y setenta la mayoría de la población estaba casada?, sesenta años después, la mayoría de la población está sola.
En ese minidocumental del que te hablaba al principio, se contaba y se veían imágenes de un evento organizado por una plataforma de citas en línea en un lujoso hotel de no recuerdo que ciudad China. Al evento acudieron ochocientas mujeres que tuvieron que pagar ochocientos euros por asistir, la entrada e inscripción para los hombres era gratuita. No asistió ningún hombre. Viendo esas imágenes, me acordé de Mei Ling y comencé a sonreír recordando una de nuestras primeras conversaciones, ¿me llevarías algún día a china? ¿Tú, conmigo? ¡no!, estarías diciendo todo el día ¡qué guapa!, ¡qué guapa! cuando vieses a una chica…en aquel momento me reí, y lo sigo haciendo, en el fondo tenía razón, viendo las imágenes de ese (supuesto) evento, no dejaba de pensar, ¡pero si ninguna de esas chicas es fea!
Pero como ves, la vida, no es una realidad en el mundo en el que vivimos. Hoy en día solo importa el aparentar (en todas sus dimensiones) y la pregunta que se hacían alguna de estas chicas era ¿quién cuidará de mí cuando sea vieja, sin hijos y sin marido? Pero esa no es la pregunta correcta, la pregunta correcta es, Pero ¿quién cuidará de él cuando sea viejo?, o ¿quién cuidará de ella cuándo sea vieja? Sin embargo esa preguntas no se pueden hacer en estos tiempos tan desnortados que vivimos porque por mucha formación académica que tengan las chicas de un país y de otro, es una pregunta que no entenderían.
Mucha formación académica, poca formación en humanidad, y esta, como todo, comienza por uno mismo.
