¿Y si comenzamos a cambiar el mundo?

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La duquesa siguió en pié durante muchas décadas más. Cada día de su vida echó de menos a su familia y sobre todo a sus madres Xiao y Cao y a la bulliciosa alegría que sus patios recogían y protegían con cariño los juegos infantiles de tantos niños como tuvo aquella familia hecha con jirones de otras familias llegadas de otras tierras.

A la duquesa hacía tiempo que nadie la cuidaba, suponía que aquellas nuevas generaciones pensaban que sería eterna y lo hubiese sido si no hubiese sido por que a los nietos de Tifón y Cao ya no les interesaba aquel complejo que tantas aventuras vió y vivió. -¡Si yo pudiese hablar, cuántas cosas contaría! se decía a sí misma la anciana Duquesa.

En 1898, la Duquesa lloró y se lamentó con desesperación. Su gente, los españoles, algunos españoles, decidieron traicionar a su patria y venderse por un puñado de dólares a los norteamericanos. Cuando los norteamericanos entraron en Manila, mataron a miles de españoles y destruyeron todo lo que pudieron que oliese a España. Montaron el cuartel general en la Duquesa. La Duquesa odio toda su vida a aquellos genocidas de lengua de borrachos como ella los llamaba.

En los años cuarenta del siglo XX, los japoneses iniciaron la expansión de su imperio, unos años antes invadieron Corea y China cometiendo genocidio tras genocidio en estas dos naciones. En la segunda guerra mundial, entraron en Manila, donde mataron a más de un millón y medio de filipinos que aún hablaban y se sentían españoles, tan solo una niña peninsular, con un bayonetazo en la cabeza, salió «ilesa» de aquel genocidio siendo repatriada a la península donde vivió en Barcelona hasta su fallecimiento siendo una mujer muy anciana.

Tabacalera española (marca registrada) aún tenía en Manila cultivos y factoría. Esta empresa, como muchas otras españolas, enviaban desde la península a sus ingenieros y mandos intermedios, algunos iban con sus familias otros formaban allí su familia.

La batalla de Manila se saldó con miles de muertos por parte de los dos bandos contendientes, el japonés y el norteamericano.

Cuando los japoneses entraron en Manila, instalaron su cuartel general en la Duquesa. La Duquesa odió a aquellos genocidas de lengua de diablos, como ella les decía. Los Gringos, tras la conquista, se volvieron a instalar entre sus muros y la duquesa siguió odiando a aquellos salvajes de lengua de borrachos.

La Duquesa siguió en pié unos pocos años más. Los altísimos ventanales del ático de Xiao se cegaron con el intenso brillo de dos hongos demasiado luminosos que vió en el horizonte.

Unos años más tarde regresaron los gringos. Montaron una base aérea cerca de Manila y un inmenso burdel al lado de la base. Los gringos convirtieron Manila y toda Filipinas en el gran burdel del patio trasero de EE UU.

La Duquesa se sentía vieja, sola, agotada. Nunca imaginó que podía haber tanta maldad y tanta locura en el mundo. La vieja Duquesa, no podía más, extrañaba cada día más a los suyos y quería irse con ellos allá donde estos estuviesen.

Los gringos regresaron a refugiarse entre sus muros pero esta vez para convertir sus habitaciones en sitio de ignominias. Una mañana, mientras aquellos genocidas borrachos y drogados dormían el sueño de los que se creían superiores, la Duquesa, ciega, anciana, con sus huesos de Matusalén agujereados por la osteoporosis de la carcoma, se desplomó sobre aquellos gringos de lengua de borrachos como ella los llamaba.

Las ruinas de la Duquesa perduraron durante años en aquel solar que la vio nacer, hasta que un rico mafioso de Chicago, que se hacía pasar por hombre de negocios, tiró sus vetustos huesos de madera al vertedero y construyó en su lugar un casino que con el tiempo se convirtió en uno de los hoteles de lujo de la moderna Manila en la que ya nadie habla español. En los años ochenta, los gringos ofrecieron al presidente Marcos que Filipinas fuese un Estado libre asociado, como Puerto Rico. El presidente -sí, aquel cuya esposa, Imelda, fue famosa por tener más de mil pares de zapatos- derogó (y prohibió) el uso y la enseñanza del español, hasta entonces lengua oficial de Filipinas e impuso el inglés como lengua oficial en todo el país.

A día de hoy, City Angels, el inmenso burdel de la desmantelada base aérea, que se construyó para combatir en Vietnam, sigue activo teniendo vuelos y reservas de hotel directas a la que sólo acuden hombres, sobre todo, anglosajones.

Por suerte la Duquesa ya no existe si no seguiría lamentándose al ver en el estado que han dejado el egoísmo y la envidia de aquellos piratas que, al final, se salieron con la suya.

Si vas a Manila no busques en el cementerio el panteón de nuestra familia, sus restos no son más que polvo después de tantas guerras e invasiones.

Pero busca el hotel de lujo en el solar donde nació la Duquesa. Los empleados Tagalos del hotel dicen que todas las noches alrededor de la medianoche, en el comedor principal, que coincide con el patio principal de la Duquesa, se escuchan voces de gente celebrando la vida, se oyen risas, voces de niñas jugando y el chocar de las copas repletas de vino. También cuentan que en algunas habitaciones, que deberían corresponder a las habitaciones de la torre palacio, se escuchan lo que parecen ser besos y palabras de amor.

Si vas a China, no solo visites la Gran Muralla o la Ciudad Púrpura -nombre que dan los chinos a la ciudad prohibida- ve a visitar el pueblo de los artistas, el monasterio de las nubes o la puerta del cielo y quema incienso y reza una oración por todos aquellos que nos precedieron, por los de hoy y por los de mañana.

Fin.

La Duquesa china dedicatoria:

A Liu Jun la chica más bonita de este mundo, con todo mi amor y cariño, sin tus ojos nunca esto se habría hecho realidad.

2 respuestas a «La Duquesa china. Libro III. Epílogo. Amén.»

  1. Avatar de Eva

    Bien, pues esta historia intensa y llena de fascinantes personajes ha llegado a su fin. Han sido muchas semanas de aventuras y emociones y, sobre todo, de aprender mucho en los diversos escenarios y culturas en los que nos has introducido, de una a otra parte del mundo, demostrándonos además la fuerza del intercambio entre los diferentes pueblos y razas para crecer juntos. No todo ha terminado bien, pero ha habido mucho amor y esperanza a lo largo de las páginas de este libro virtual. Solo me queda felicitarte por el trabajo hecho del que puedes sentirte muy orgulloso y darte las gracias por compartirlo por aquí. Un fuerte abrazo, Alfonso.

    1. Avatar de alfmartmart

      Muchísimas gracias a tí, Eva

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