Los crímenes en Manila se seguían produciendo; la población estaba aterrorizada, tanto las familias como, sobre todo las mujeres jóvenes. Las chicas de la casa verde, estaban más que aterrorizadas, ya habían sido cuatro las fallecidas y nadie sabía como habían salido de aquel establecimiento. Chen tenía una sospecha que compartió con Tomás, Tifón y Antonio. -A pesar de la guardia que se ha puesto siguen desapareciendo chicas y apareciendo por la misma zona… -¿En qué estás pensando Chen? -En que alguien sabe lo de los dobles suelos y las dobles paredes y se debe de colar por ahí y llevarse a las chicas por esos dobles fondos. – Bien, pero… ¿cómo entra y sale? -Eso es lo que no entiendo e intento averiguar. -Bien… haremos una cosa, prohibiremos la actividad de la «casa» y alojaremos a las mujeres en los almacenes donde alojamos a los refugiados japoneses, doblaremos la guardia para que estén seguras, mientras tú, Chen, averiguas cómo entrar y salir con una mujer. -De acuerdo, Tomás, pero deja la guardia actual en la casa, será mejor para saber por donde se cuela. -Muy bien, Chen, ¡a trabajar!, Tifón, Antonio, tred los planos y veamos si los cadáveres están realmente por la misma zona.
La mañana fue de intenso trabajo, Tomás, Tifón y Antonio consiguieron delimitar una zona muy próxima aun espeso bosque. Sospechaban que el asesino, se podría ocultar en mitad de aquella espesura.
Chen, después de meterse por todos los dobles suelos y todas las falsas paredes, ya desesperado, encontró, por casualidad, una trampilla que se abría en la galería oculta de la última de las cuatro plantas de aquel edificio y planta tras plantas, trampilla tras trampilla descendía hasta una galería excavada en el subsuelo que podía albergar a dos personas y que salía algo más allá del punto más cercano a la muralla. Aquél túnel no era ni obra de un día ni de una sola persona.
Tomás ordenó buscar y arrestar a los dos supuesto propietarios del establecimiento, pero la búsqueda fue infructuosa. Tomás también ordenó el regreso de las mujeres a la «casa» y que cuatro guardias, dos a la entrada del túnel y dos ocultos a la salida estuviesen de guardia permanente, sin relevos, las mujeres no podían saber de aquella estrategia para poder atrapar al o a los delincuentes.
A Tomás y sus hombres les extrañaba que la «llorona» llevase tiempo sin hacer sus apariciones fantasmales por la ciudad, era normal que tuviese períodos de más actividad y períodos que no se hacía notar pero con tanto tiempo desaparecida… Sospechaban que detrás de aquella larga desaparición de la llorona estuviese bien que fuese ella la autora de los crímenes o bien que estuviese fallecida y sus restos aún no se hubiesen encontrado.
A pesar de la alarma en la ciudad y del toque de queda aún seguían llegando personas de todas partes del imperio. Una familia de gitanos se asentó en la ciudad, casi en el extrarradio, llegaron de México en donde probaron suerte y como no tuvieron la fortuna que ellos esperaban decidieron probar suerte en Filipinas. El cabeza de familia, un hombre alto y enjuto era zapatero y calderero y era un buen artesano. La mujer, ama de casa, leía la buenaventura en las manos de quien se atrevía a conocer lo que el futuro le deparaba. Tenían un solo hijo, un muchacho de unos nueve años, gordo, mal educado y violento.
Yoshiro, habló con Tomás, como padre preocupado por la seguridad de su hija y, convinieron que en vez de poner dos escoltas, una a cada niña, sería mejor que Akiko, que vivía más lejos, fuese escoltada por dos de sus samuráis y que, como tenía que pasar por la duquesa, recogiese o dejase a Eva li cuando iban o regresaban de la escuela.
El niño gitano, Jaramillo, también fue escolarizado. Eva Li y Akiko, que ya habían formado su grupo de amigos y amigas, casi todos de la pujante clase burguesa se comportaban con educación y respeto entre ellos. Una mañana que Tomás y Tifón pasaron por la escuela se pararon a observar la escena que se estaba desarrollando. Las niñas, Eva Li, Akiko y un par de amiguitas más se sentaron en unos de los bancos de la misma manera que lo hacían sus madres, con feminidad y elegancia, los chicos, de pie frente a ellas, con las piernas abiertas y las manos bien el los bolsillos, bien en el cinturón o con los brazos cruzados. Las niñas atendían a lo que los niños decían y ellas escuchaban atentamente o daban sus propias opiniones también con respeto.
-Es increible, ¿no te parece, Tifón? Parecen adultos. -Es tan increíble, Tomás que no sé si es la propia naturaleza humana o la educación y lo que ven en casa o…ambas cosas. Pero parece que la próxima generación será una generación de personas educadas y respetuosas, y de mujeres muy femeninas. -¡Ojalá, Dios te oiga, Tifón!
Aquella escena, cuando Tomás se la contó a Xiao, esta no pudo, por menos, que sentirse orgullosa de su hija, que podía ser tan impetuosa como su padre, pero tan inteligente, femenina y delicada como su madre.
Un mal día, Jaramillo, que tenía muy mal carácter y que no se juntaba con otros niños, si no fuese para hacerles alguna maldad, se acercó a aquel grupo de Eva li y Akiko. Tal vez por envidia o Dios solo sabe por qué, dio un fuerte empujón a uno de los niños que cayó al suelo golpeándose la cabeza con el suelo de tierra. Eva Li, se levantó de su asiento, casi por instinto, para ayudar a su amiguito y ver que daño se había hecho. Los demás niños y niñas increparon a Jaramillo, al que nadie quería y todos temían. Cuando Eva Li estaba con su amiguito, tendido en el suelo, Jaramillo, sin saber por qué, se abalanzó sobre ella, propinándole una buena sarta de golpes. Akiko, y los demás amigos trataron de apartar a aquel energúmeno de encima de Eva Li, sin éxito, fue uno de los maestros quien haciendo gala de todas sus fuerzas pudo separar y expulsar del colegio a Jaramillo.
Eva Li, tenía golpes por todo su cuerpo, un ojo morado, un labio partido…y con su bonita trenza que remataba con un lazo, deshecha.
Akiko también recibió algún golpe que otro pero de menor importancia que los Eva Li o de sus amigos.
Cuando los samuráis llegaron a escoltar a las niñas y vieron el estado de la niña, tuvieron un gesto de humanidad y quisieron llevar a la niña al dispensario de su tía Tao. la niña se negó y fue todo el camino sin derramar una sola lágrima. Al llegar a la Duquesa, su madre, al verla en ese estado se alarmó, y fue cuando la niña rompió a llorar contando lo sucedido. El abuelo se enfadó un poco con su nieta, pues él le había enseñado la forma de defenderse, la excusa de la pequeña fue que ella era muy flacucha y ese niño era más grande que ella y los demás niños y muy gordo. Su padre, después de mimarla le regañó diciéndole que tenía que aprender a defenderse, y que defenderse no era algo malo, como no lo era defender a tus amigos y seres queridos.
Eva Li y Akiko, sufrieron el maltrato diario de Jaramillo. Primero las madres, Xiao y Mariko, fueron a ver tanto a los maestros como a los padres de Jaramillo. Las agresiones seguían a las niñas. Yoshiro, hato de aquella situación, cogió sus dos Katanas y a dos de sus samuráis y se dirigió a casa del zapatero que cuando tuvo la afilada katana de Yoshiro en su cuello juró que no volvería a suceder nada de eso otra vez.
La situación continúo igual. Las niñas estaban aterradas por aquel… Hasta que un día, Tomás tomó unas drásticas cartas en aquel asunto.

Eva Li y Akiko con su grupo de amiguitos. Imagen generada por IA.

2 respuestas a «La Duquesa china. Libro III.Capítulo XI. ¡Pelea!»
Parece que los problemas de acoso en el cole no son cosa de esta época, siempre hay figuras que se repiten en todos los grupos, veremos esas drásticas disposiciones de Tomás en relación con Jaramillo y también se queda abierto el asunto de “La llorona”… como siempre te digo, enhorabuena por este trabajo literario lleno de tramas y, sobre todo, de preciosos detalles. Un abrazo, Alfonso
Gracias a tí, Evita, amiga