La pequeña niña lloraba desconsoladamente. Xiao la cogió en brazos amorosamente, maternalmente o como una hermana mayor.
-¿Por qué lloras pequeña?, -¡el dragón me quiere comer!, -¡no pequeña!, ¡el dragón no te quiere comer!, ¡quiere jugar y reír contigo y con todos nosotros!, -¿estás segura?, -¡claro que estoy segura!, ¡es año nuevo, es un día para celebrar, reir y estar feliz y el dragón también lo está!
La niña dejó de llorar, se secó las lágrimas y los mocos en la manga de su chaquetilla. Sonreí, los niños son iguales en todas partes.
-¿Puedo cogerla señorita Xiao?, Xiao me miró sorprendida, pero me dió a la niña.
-¡Hola pequeñaja!, ¿cómo te llamas?, -¡no soy pequeñaja!, y…¡me llamo Liu Xiao!, mi mamá dice que me llamo así por una señorita del palacio que es muy buena y muy guapa!. -¡Te llamas como yo! le dijo Xiao dulcemente. -¿tu eres esa señorita?, ¡eres muy guapa!, ¡de mayor quiero ser como tú!…¿y tú?…¿por qué eres tan feo?, ¡no tienes los ojos como nosotros!. -¿De verdad te parezco feo? la niña asintió abriendo mucho los ojos. -¡Hummmm, me has llamado feo y eso en el país del que vengo tiene un precio!, dije a la pequeña fingiéndome enfadado. -¿Ha sí?, ¡pues no te tengo miedo! contestó la niña cruzando sus bracitos sobre su pecho y poniendo morritos, haciéndose la valiente. Xiao me miró divertida, preguntándose cómo terminaría aquel cuento. -En mi país, continué fingiendo enfando, a las niñas que llaman feos a los mayores…¡les hacemos cosquillas! exclame riendo mientras le hacía cosquillas en su abultada barriguita. La niña reía con esa alegría que solo los niños tienen. Xiao nos miraba alegre, divertida, sorprendida.
El dragón y toda la algarabía terminó de pasar. -Bueno señoritas, ¡qué les parece si buscamos a la mamá de esta pequeñaja?,-¡oye!, ¡qué no soy pequeñaja!, -¡has montado alguna vez a caballito?, -No, no he subido nunca a un caballo, mi papá tenía uno, pero…se fueron…-¡Bueno, pues eso tiene solución!. Xiao me miró sorprendida. Senté a la niña sobre mis hombros, bajé de un salto del porche y tendí la mano a Xiao para ayudarla a bajar.
Dí unas cuantas vueltas sobre mí mismo, hice alguna cabriola y piafé imitando a un caballo. La pequeña reía sorprendida y Xiao nos miraba con una sonrisa y unos ojos incrédulos de mirada tierna, no salía de su asombro.
Una joven mujer venía corriendo hacía nosotros. La niña en cuanto la vió gritó -¡mamá, mamá!, ¡mira!, ¡estoy montada en un caballito!. La joven madre se deshacía en reverencias y sonrisas de alegría y alivio por haber encontrado a su hija en compañía de la hija del Duque y de aquel extranjero que jugaba con su hija y la hacía reir.
Las gracias, las reverencias y la sonrisa de aquella joven madre eran tan sinceras como la vida misma.
Xiao desplegó su sombrilla, me situé a su lado. No caminamos mucho cuando nos sorprendió la voz de unos ancianos llamando a Xiao. -¡Señorita Xiao!, ¡señorita Xiao!. Nos giramos. Xiao, sorprendida, saludó a los ancianos, -¡señor magistrado!, ¡señor alcalde!, ¡cuánto gusto me da verlos!; -¿os acordaís de nuestras esposas y de las niñas?; -¡claro qué me acuerdo!, ¡qué guapas están señoras!; -¡hooo niña!, ¡tu siempre igual de alagadora!, -¡no somos más que un par de viejas!; -¡señora Fheng, usted siempre igual!, y las niñas ¡qué guapas estaís! y ¡cómo habeís crecido!; -¡tanto como tú, hermana mayor!, dijo divertida la que parecía la mayor de las cinco muchachas que acompañaban a los dos matrimonios. -Es verdad, ¡cómo pasa el tiempo!, todos rieron. -Señorita Xiao, ¿no nos presentaís a vuestro acompañante?; -Perdón señor magistrado, el señor es Tomás de Arredondo y Avellaneda, es español y ha venido…-por una gracia del destino, señor magistrado, señor alcalde, señoras, señoritas…Las mujeres desplegaron sus abanicos tratando de ocultar su sorpresa y sus sonrisas, por haberme dirigido a ellos en su idioma. -¡Y hablaís chino!; -no tan bién como me gustaría…-y… decidme joven, ¿habeís visto mucho de nuestro país?; -no señor alcalde, apenas he visto mas allá de esta región, pero os garantizo que me enamorado de China.
las muchachas sonrieron y cuchichearon en el refugio de sus abanicos. -¿qué ha dicho?, ¿que se ha enamorado de China o de una china?.. -creo Zeng, qué más de lo segundo que de lo primero…la jóvenes rieron, las madres nos miraron con escrutinio de madres curiosas y cómplices.
-¿Ireís a la ópera?, le preguntó la mujer del magistrado; -¡por supuesto!, ¡no me lo perdería por nada del mundo!; -¡bailamos nosotras!, dijo la chica que parecía la más joven de aquellas cinco muchachas, -¿de verdad?, todos asintieron con una sonrisa, – ¡Pues entonces con más motivo para no perdernos la ópera!, ¿verdad señor de Arredondo?, -¡por supuesto!, ¡estoy deseando verlas bailar señoritas!. -¡Hermana mayor!, ¡hace mucho que no vienes casa a jugar con nosotras!; -Es cierto, le replico Xiao bajando la mirada como avergonzada, -Niña, ¿por qué vienes a casa a comer nosotros un día de estos?, Xiao levantó la cabeza, sus ojos reflejaban ilusión, -y…¿por quéno nos reunimos todos en mi casa, como cuando eraís pequeñas y traeís a vuestro invitado el señor de…de…, sonreí, -no os precupeís por mi nombre señor magistrado…-bien señor extranjero…gracias, Xiao sonrió divertida, -¿qué os parece a principio del verano, es una época para perfecta para celebrar y espero que para hacer nuevos amigos aunque vengan de lejos!; -¿Lao Tse, señor magistrado?, -¡conoceis a Lao Tse?, -En persona no. Todos rieron divertidos…-enviadme recado a palacio unos días antes, -humm, os enviaré recado con una de mis hijas. Las chicas protestaron al unísono; -¡padre, tio!, ¿podemos ir todas?….-¡Zheng tiene novio!, dijo la más jovencita; -¿qué?…¿de verdad?, la muchacha asintió con una sonrisa de felicidad en su rostro…-¡venid cuando queraís!, ¡tenemos tanto de que hablar!
-Señor magistrado, señor alcalde, os tenemos que dejar, quiero mostrar más cosas del pueblo a nuestro invitado; -¡claro señorita Xiao!…¿os reservamos sitio en la óprea?; -¡sí, por favor señor magistrado!, ¡gracias!, ¡nos vemos luego en la ópera!
-¿Habeís visto como se miran esos dos?…¡qué bonito!…¡y qué apuesto es el extranjero!…¡y Xiao está radiante!
