Soy católico, supongo que como tu, por tradición cultural, y tal vez por convicción. Esta mañana de domingo he salido a caminar un rato, necesito hacer algo de ejercicio. Mientras caminaba me planteaba si acudir a isa de doce o no. Sí, soy católico, pero un tanto a mi manera, como creo que ya sabes. El querer saber, buscar tu identidad espiritual o lo que sea que te suceda interiormente te hace buscar una verdad que por ser más o menos cierta, y gracias a tu espíritu crítico, vas avanzando en tu búsqueda, pero cada vez con más dudas y con más ganas de saber, de aprender más.
Al final me decidí por ir a misa de doce.
Cuando entre en la iglesia, una iglesia de diseño moderno que está cerca de mi casa y a la que suelo acudir, extrañamente me sentí incómodo.
La iglesia se iba llenando de gente, gente de todas las edades, muchas parejas jóvenes con hijos muy pequeños.
A los pocos minutos la iglesia estaba a rebosar de gente, algunos se tuviero que apiñar en las puertas.
Tras estar sentado esos minutos en el banco eché algo en falta. Me vino a la mente la imagen de cuando yo era pequeño e iba con mi abuela a la iglesia; al entrar mojábamos los dedos en la pila de agua bendita y nos santiguábamos.
Busqué la pila por toda la iglesia con la mirada; la encontré entre dos puertas, olvidada y vacía y me pregunté ¿desde cuándo las pilas de agua bendita están olvidadas y vacías?, ¿desde la plandemia?, o ¿desde antes?; me sentí extrañamente más incómodo.
Mientras hacía esto, una mujer subió al altar y pidió dos minutos de silencio a los feligreses, lo cierto es que la iglesia se había convertido en el patio de butacas de cualquier teatro antes de comenzar el espectáculo. Me sentí más extraño aún.
Comenzó lo que supuse que era la misa con cánticos y palmas de los no ya feligreses si no público. El cura se puso a cantar… y después a dar algo parecido a una catequesis. Yo no entendía nada. Cada minuto me sentía más y más incómodo. La cosa no terminó ahí. Tras todo esto una mujer subió al altar, o tal vez debería decir al estrado, y se puso a «vender» una ONG fundada por las monjas Teresianas…no pude más, tras media hora en un recinto que se supone sagrado, aún no había comenzado el rito religioso. No pude más, me levanté y me fui.
Puedes llamarme ultraortodoxo, ortodoxo o lo que quieras, me da igual, pero cuando voy a un recinto sagrado, sea el que sea, un templo Budista, o de cualquier otra filosofía o religión, trato de respetar lo que ese recinto significa primero para sus fieles y después para mí, puedes encontrar lo que buscas en cualquier sitio, y la educación y el respeto no están reñidos con nada.
Otra cosa que me hizo estar tremendamente incómodo fue que el el banco de al lado se sentó una pareja joven con un niño pequeño; el padre se sentó como quién se siente en el banco del parque, con una pie sobre una pierna y los codos apoyados en el respaldo del asiento.
Cuando salí de la iglesia, un sacerdote joven y filipino me miró a los ojos y lo miré a los ojos, no hicieron falta palabras para ver la enorme tristeza que sentíamos al ver que un recinto sagrado se había convertido en una iglesia protestante y en un mercado.
Como sabes, hace muchos años tuve un periplo por varias iglesias protestantes y lo que ví me gustó mucho menos que lo que veía en las iglesias católicas y aún así regresé al catolicismo (nunca me bauticé en ninguna iglesia protestante).
Los recintos sagrados, desde la antigüedad más remota y con las diferencias propias de cada cultura del pasado, y también del presente, han sido siempre desde las capillas, ermitas, iglesias, catedrales o basílicas, lugares de recogimiento y de una u otra forma de buscar paz interior de una u otra forma, bien haciendo peticiones, bien con ruegos u ofrendas, o confesiones, pero siempre una forma de buscar paz interior.
Aunque no sea creyente al modo que marcan los cánones, lo soy, supongo que al igual que tu, a mi manera.
Sabes que busco la verdad, a mi manera, como tal vez tu a la tuya y por eso no creo que sea o seamos ni mejores ni peores que los demás.
Hoy he sentido que la iglesia se ha convertido en un espectáculo y en un mercado y, mira, para que me vendan algo ya tengo la publicidad. No me gusta que en un recinto sagrado (o que debería serlo) me vendan cualquier producto que ni quiero que me vendan no que he ido a comprar.
Como sabes, busco al menos una verdad en las apariciones Marianas; hace unos días encontré un vídeo en la que relataban las apariciones Marianas ocurridas en los años treinta en dos pueblos del norte de España que no conocía (si encuentro el vídeo te lo dejo abajo).
Me llamó especialmente la atención el de un pequeño pueblo de Navarra, al que tengo que ir.
Estoy comenzando a pensar que las apariciones Marianas, sean lo que sean, vienen advirtiendo desde hace décadas del extraño giro que va dando la iglesia católica, quitando pilas de agua bendita y convirtiendo la misa en un espectáculo.
Me he sentido extraño, sí, muy extraño y, visto desde este punto de vista (puede haber tantas razones como personas), no me extraña que muchas personas o no pisen una iglesia o se refugien en otras religiones o filosofías como las orientales.
Sí, me he sentido extrañamente extraño.
¿Qué le está pasando al mundo? ¿O soy yo qué me hago viejo? No lo sé, pero no me ha gustado nada ni lo que he visto y oído esta mañana en una iglesia que ya no reconozco, como no reconozco el mundo en el que vivimos.

2 respuestas a «¿Catolicismo?»
El llamado de Dios es una experiencia personal y cada uno encuentra las respuesta en su propio andar. Cuando encuentres la paz es indicio de que haz entrado en su proceso. Buen viaje buena reflexión.
Muchas gracias, tocayo.