¿Y si comenzamos a cambiar el mundo?

Published by

on

Se sentía débil, derrotado. Sus andrajos no eran su mejor carta de presentación, «el hábito no hace al monje» pensó cuando pisó, con sus desnudos pies una piedra que le hirió. La noche comenzaba a acechar, estaba tan cansado y se sentía tan derrotado, que cualquier sitio le venía bien para dormir o para morir. Esto último cada minuto de su existencia lo deseaba más.

No pudo más, sentía frío, hambre, cansancio, lo que para él fueron estimulantes en otra época era ahora signo de su gran derrota.

Las primeras luces del alba lo encontraron hecho un ovillo entre unas rocas. Se despertó preguntándose a dónde ir, ¿por qué seguir adelante?, ¿hacía donde? Se incorporó, mas por costumbre que por tener algo que hacer en aquel bosque oscuro en el que se había metido hacía tiempo huyendo de todo y de todos. Miró hacía arriba, intentando ver el sol que ya teñía la mañana con sus rayos dorados. Se giró sobre sí mismo sorprendido por lo que acababa de descubrir. Había pasado la noche a los pies de una alta torre de marfil.

Caminó alrededor de la blanca torre intentando descubrir una puerta a la que llamar y en la que le pudieran dar cobijo o, tal vez, poder servir una vez más, al señor de aquella torre o de aquellas tierras. Dió unos pasos hacía atrás extrañado por que no había ninguna puerta. Arriba, muy arriba, pudo ver una pequeña ventana y en ella cepillándose una larga melena negra a la que parecía una joven bellísima.

La doncella, pues así creyó el caballero que era la joven de la ventana, miró hacía abajo y viendo al caballero le sonrió y le saludó. El caballero le hizo una cortés reverencia que delataba la que había sido su posición social en un pretérito que ahora parecía muy lejano.

-¿Quién sois caballero? -Mi señora, ¿cómo sabéis que caballero soy cuando visto estos escasos andrajos? -Vuestros modales os delatan. El caballero le contó su triste historia, de mil batallas ganadas y dos mil perdidas, de como desaprovechó su juventud y su hacienda haciendo lo que creía correcto y al final, ni mujer, ni señor, ni amigos ni hacienda.

-¿Y vos, señora?, ¿Estáis presa en esta torre? La dama le contó su triste historia. -Señor, soy la princesa Li, hija del rey de tierras muy lejanas, ¿habéis oído hablar de la misteriosa China? -Sí, mi señora, pero creía que era un cuento para niños. -Una día, mi padre, el emperador, dió una gran fiesta en su palacio, acudieron todos los nobles de todas las regiones de mi país. Mi padre se olvidó de invitar al noble de las tierras más recónditas de China. Este se presentó enfurecido en la corte y retó, delante de todos, a mi padre. Mi padre lo perdió todo, pero el noble, no sé si por piedad o por venganza perdonó a mi padre con la condición de llevarme con él, hasta que la deuda estuviese saldada. El noble se convirtió en un malvado dragón delante de todos y me trajo aquí.

-¿Lleváis mucho tiempo presa en esta torre?, preguntó el caballero. -Lo suficiente como para que la belleza de mi juventud se halla marchitado. yo como vos, caballero, también perdí mi juventud haciendo lo que creía correcto.

El caballero reflexionó largo rato las palabras de la princesa.

-Sea como sea, se dijo el caballero, «tempus fugit».

Ponte en contacto con nosotros

Bienvenido a un mundo de posibilidades ilimitadas, donde el viaje es tan emocionante y donde cada momento es una oportunidad.

← Volver

Gracias por tu respuesta. ✨

Previous Post
Next Post

Descubre más desde ¿Y si empezamos a cambiar el mundo?

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo