Eva Li se prometió con el peruano en Acapulco. La joven Condesa, aún así, tenía dudas de si lo que sentía por aquel apuesto joven era realmente amor o era otra cosa. El peruano le propuso viajar a Guayaquil. Su familia tenía que conocer a su prometida y esta debía conocer a su familia y sus propiedades. Eva Li, no estaba muy convencida de hacer este viaje, como no estaba convencida de nada. De lo único que estaba segura era de que echaba de menos su casa, su Manila, y a sus seres queridos. Llevaba demasiado tiempo de viaje, le había dado la vuelta al mundo tan solo para comprobar que todo aquello que decía su padre y que, en mucha parte daba la razón su madre era cierto. -Sí, padre, madre, todo es igual en todas partes. Todos los seres humanos somos iguales en todos sitios…todo es igual.
El peruano, que tenía una forma especial de envolver a Eva Li, la acabó convenciendo de ese viaje que parecía lógico. Se embarcaron rumbo al sur. Eva Li, comenzó a estar harta de su prometido que día sí y día también le hacía requerimientos de amores más carnales. Eva Li, lo tenía muy claro, no se metería en la cama con ningún hombre, por muy prometido que fuese, hasta que no estuviese casada y en Manila. A la joven condesa le daba pánico quedarse embarazada en medio de aquel océano que llamaban Pacífico y que, por su propia experiencia pudo comprobar que no lo era.
A la llegada a Guayaquil se dirigieron de inmediato a la enorme mansión con la que aquellos nuevos ricos hacían ostentación de su enorme fortuna. A Eva Li, aquello le pareció un gran despropósito. Cosas así había visto en Manila antes de emprender este viaje que se estaba tornando extraño. En la familia del peruano, no quisieron a la joven condesa desde el primer momento. Como gentes que se hicieron ricos no solo con el esfuerzo de su trabajo sino también con engaños, extorsiones y malas artes, creían que todos eran de su condición. Eva Li, harta de desplantes y de aquella familia, se buscó un alojamiento y comenzó a recorrer el Perú, donde buscó al amigo de su padre, el fraile. No lo encontró y ella no se acordaba de sus señas.
El peruano, al ver que aquella belleza exótica y rica se le escapaba de entre las manos, se enfrentó a su familia, pero no por que amase a la joven, sino por que su familia no se habían dado cuenta de su estrategia. -Padre, ¡es que no lo entiendes!, si me caso con ella y le ocurre…algún accidente, podré reclamar el título de conde para mí, para nuestra familia, y toda su fortuna y propiedades serán de nuestra familia…¡Y en Manila! Podremos ampliar la empresa familiar y multiplicar nuestros ingresos… La familia del peruano aceptó la estratagema del joven. Todos , hasta el servicio, cambió de actitud con Eva Li.
Al final terminaron con las dudas de la condesa y con la bendición de la familia peruana, se embarcaron rumbo a Manila. El criollo intentaba, día tras día, asaltar los muros de la falda de Eva Li sin éxito, la defensa de la joven fue férrea y espartana.
Al llegar a Manila se dirigieron a la Duquesa. El peruano, estaba asombrado ante una tierra tan distinta y unas gentes tan… asiáticas. Ni a él ni a su familia le gustaban los asiáticos, creían que eran gentes bárbaras. Viajar abre mucho los ojos le dijo en cierta ocasión un viejo marinero.
El peruano no gustó a nadie de su familia. Había algo raro en él que sonaba como a falso. La tía Cao, lo alojó en la mejor habitación de la duquesa que pareció quejarse de tener a aquel inquilino en una de sus habitaciones.
El peruano, solía ir solo a recorrer la ciudad. En una de aquellos paseos se encontró con Akiko, a la que no había quitado el ojo de encima desde el momento que su prometida se la presento. El criollo galanteó a la japonesa, esta, que con solo ver al criollo supo «de qué pie cojeaba», jugó con él todo lo que quiso, tratando de que su amiga-hermana se diese cuenta, ella no quería decirle nada, por miedo a que se enemistasen y más sabiendo lo manipulador que era el criollo. Eva Li, nunca se dió cuenta de con quién se iba a casar. Una pátina de tristeza se apoderó de la familia. Chen y Pilar, tramaron asesinar al criollo, Tifón estaba de acuerdo con ellos, pero nunca llevaron a cabo el plan.
Eva Li y el criollo se casaron en la catedral. Eva Li se quedó embarazada al poco tiempo. Su marido, no estaba muy interesado ni en el banco, del que se había hecho cargo la joven condesa liberando a sus tíos Lyn y Shoguin de aquel, ya para ellos pesado trabajo, ni de nada. Las discusiones comenzaron entre la joven pareja. Eva Li, se dió cuenta de con quien se había casado y lamentó su error.
La representante de la Reina y duquesa de Luzón se puso de parto. Eva Li, no temía parir pero las cosas cambiaron tanto en tan poco tiempo, ya no estaban en el hospital ni su tía Tao ni Barlomaa ni Juana, la cual, harta de las presiones de aquellos nuevos curas y monjas dejó atrás todo para perderse como médico errante por aquellas siete mil islas.
Las monjas eran unas mujeres sin corazón, severas, amargadas, Akiko siempre le decía a Eva Li -que «aquellas malditas zorras lo que necesitaban era un buen macho entre las piernas»…Las dos mujeres acababan riendo, como siempre, con las ocurrencias de Akiko.
Eva Li, sintió terror cuando las monjas la pusieron en la cama del hospital; a su lado, el médico, acababa de hacer la autopsia a un cadáver y la iba a asistir con las manos sin lavar, aquello jamás se les hubiese ocurrido a Tao y a sus chicas.
El parto fue difícil y complicado, más por el miedo a la infección que tenía Eva Li, que a otra cosa. El bebé, una niña, estuvo muy enferma durante unos días, pero parecía que aquella niña no solo era fuerte si no que se aferraba a la vida como si tuviese ganas de explorar el mundo y la vida que le esperaba. La joven condesa, falleció por la infección que aquel médico le produjo por su falta de asepsia. Todos lloraron la gran pérdida de Eva Li, excepto su marido que ya hacía algún tiempo se había dado a la vida de parranda nocturna, gastando la fortuna del matrimonio en putas, juego y alcohol.
El nacimiento de su hija lo celebró tanto como el fallecimiento de su esposa gastando y endeudándose aún más hasta el punto que comenzó a vender a hurtadillas de todos los carísimos muebles con los que la abuela de su hija, Xiao Xian, hubo amueblado y decorado su torre palacio.
Enterada la familia, con gran sorpresa para todos, un día el criollo desapareció. Nunca se supo si fue cosa de la familia o de sus amigotes de parranda.
La pequeña huérfana, era visitada a diaria por los tíos Cao, Tifón, Chen, Pilar y por Mariko y Akiko que rezaban por que la pequeña pudiese sobrevivir.
Un buen día, Akiko, se presentó ante su madre, Mariko, con aquel bebé entre sus brazos. Mariko asintió sin decir ninguna palabra. La pequeña, comenzó a llorar con desesperación. Akiko miró a su madre. -Tiene hambre, voy a buscar un ama de cría. Al poco Mariko llegó a la casa con una mujer que más parecía vaca que hembra humana pues sus pechos eran tan grandes como ubres. Akiko le dió a la pequeñaja que buscó el pezón con ansia. El ama de cría se quedó a vivir con Mariko y con su hija y con la que, a partir de ahora, sería su nieta querida.
El fallecimiento de la joven condesa, Duquesa de Luzón y representante de la reina, fue largamente llorada hasta en la corte en la capital del imperio.

Akiko con la nueva bebé. Imagen generada con IA.

2 respuestas a «La Duquesa china. Libro III. Capítulo XLIII. Et benedictus fructus ventris tui Iesus»
Vaya… me quedo sin mi heroína que no ha disfrutado de amor ni de su pequeña… ¿habrá esperanza para las nuevas generaciones?
Un fuerte abrazo, Alfonso
Hola, Evita, guapísima. Pues no sé. Este relato está llegando a su fin, sus personajes ya no tienen nada más que contar de su historia. Tal vez haya otros relatos en otra época, tal vez más adelante las nuevas generaciones me susurren al oído, como lo han echo, todos estos personajes, sus nuevas aventuras. Sencillamente no lo sé. Te confieso, sin ánimo de nada, que cuando escuchaba a autores decir que los personajes cobraban y vivían su propia vida -como dijo Unamuno (?)- es cierto. Este relato no es mío, yo solo e puesto por escrito lo que cada uno de sus personajes me a ido relatando al oído. Extraño, pero cierto.
Un abrazo, Eva, amiga y buena semana.