Son las diez y media de la noche de uno de esos calurosos días del fin del mes de Julio.
La noche va ganando terreno y he comenzado, otra vez, a pensar en tí. En ti y en nuestros veranos, los hecho de menos.
El año va pasando lentamente, demasiado lentamente. Sin embargo, después de todo no me puedo quejar. Después de ti hay vida. He retomado poco a poco y lo sigo haciendo el rumbo de mi vida.
Me he vuelto a reunir con mi familia y nos pusimos al día de nuestras vidas, estuvieron ahí casi desde el primer día que decidí irme de tu lado.
He vuelto a compartir con amigos y amigas de hace años un café, una tarde, abrazos, lágrimas, ningún reproche y mucha comprensión por parte de todos, desde casi el primer día, familiares y amigos estuvieron ahí, a mi lado, dándome ese apoyo, cariño y hasta comprensión que tanto necesitaba.
He conocido personas nuevas y he aprendido a seleccionar a las personas. He aprendido a ser más asertivo de lo que ya lo era y a marcar muy bien mis límites a los demás, a decir no, hasta aquí y a no dejar que nadie me pisotee.
También durante este año te he añorado, no como lo estoy haciendo ahora con agradecimiento por haber estado juntos compartiendo durante unos años sueños, ilusiones y todo eso que comparten las parejas que se aman.
He aprendido a irte olvidando. Te he perdonado, al menos en mis sueños y en mi corazón, aunque reconozco que, a veces, me lleno de rabia, por qué a pesar de todo no termino de comprender tu alta traición.
Te casaste con otro hombre cuando convivíamos, por eso durante los años que estuvimos juntos nadie supo jamás de nuestra existencia.
Te casaste con otro hombre, de esos capítulos de tu pasado a los que nunca les pusiste punto y final.
Te casaste con otro hombre cuando convivíamos, después de tantos años juntos, solo por su dinero, por asegurarte una vejez muelle, por ir de copas y discotecas hasta el amanecer y por viajar por todas esas ciudades a las que siempre yo te quería llevar y tú cada vez querías ir menos conmigo.
A pesar de que entra dentro de lo lógico y razonable que alguien quiera asegurar su vejez teniendo una vida de abundancia económica, no te entiendo, juzgabas duramente, con rabia, con saña, con furia a las personas de nuestro entorno que habían hecho lo mismo que tú has hecho…cariño, hacer eso, aprovecharse así de los hombres, tiene un calificativo.
Las mujeres de clubs de alterne, te guste o no, son más decentes que tú, pues ellas van de cara y dan la cara, se dedican al oficio más antiguo del mundo, un oficio duro, sin duda. Las mujeres que ponen su cuerpo a la subasta del mejor postor…en fin!
Tanto dolor, tan alta traición, a pesar de todo te lo tengo perdonado en mi corazón.
Ahora sigo solo mi camino, cogiendo el rumbo de mi vida, luchando solo, como siempre, haciendo todo a destiempo y aprisa, mi trabajo no me permite otra cosa.
Miro al futuro sin muchas expectativas de nada, tan solo tratando de disfrutar del día a día, de tu ausencia, viviendo en paz conmigo mismo, con la frente alta y con orgullo a pesar de todo pues yo nunca te hice daño, si hubieses necesitado mi vida solo habrías tenido que cogerla. Fue tu decisión el traicionarme, ser infiel, desleal y mentirosa.
Fue tu decisión.
Y tu decisión se convirtió en mi tristeza, la cual, renació convertida en orgullo, en un mejor conocimiento de mi. Renació convertida en orgullo de saber que nunca te hice daño, de saber que soy una buena persona, un buen hombre y un buen marido.
Quédate con tu vida de lujo y dinero yo me quedo con mi frente alta y mi orgullo de saber quién soy y de gustarme como soy.
Quédate con tu vida, yo me quedo conmigo mismo.
Te perdono.
