Si queremos cambiar nuestro mundo, nuestro pequeño mundo, debemos actuar igual que con un entrenamiento físico, debemos de ir de poco hasta la meta que nos marquemos. Ya tenemos más o menos claro que nuestro cerebro tiene una facultad que los psiquiatras, psicólogos y neurólogos denominan «plasticidad». Nuestro cerebro puede funcionar casi a la perfección incluso si le falta alguna parte, bien en casos producidos por un accidente o incluso en casos clínicos, estudiados y descritos de personas que tienen una merma de alguna parte de su cerebro desde el nacimiento.
Ya hemos dicho que nuestro cerebro es como un músculo que podemos entrenar tanto para sentirnos mejor con el mundo y con nosotros mismos o para sentirnos peor con nosotros y por tanto con el mundo.
Hace cinco años conocí a una mujer maravillosa que me enseño, cuando yo más lo necesitaba, a ver la vida con ojos más optimistas. Ella era una mujer luchadora, una super mamá a la que tuve que regañar en alguna ocasión ya que en su casa, a pesar de tener hijas más que adolescentes, ella lo hacía todo en el hogar después de salir del trabajo. Esta super mujer, como imagino todas las mujeres que puedan leer estas páginas, estaba siempre agotada. Yo que era su pareja, siempre que podía, compartía las tareas domésticas con ella. Un buen día tuve que regresar a mi país por asuntos familiares y comenzamos una larga y extraña, por no decir tempestuosa, relación de Internet.
Corriendo el tiempo, esta mujer y sus dos hijas más jóvenes se fueron a vivir a otro país distinto al suyo. Hace unos meses y después de más de un año de no saber nada de esta chica contactamos por correo electrónico.
Me quedé sorprendido. Aquella mujer que se comía la vida y era capaz de luchar contra siete huracanes y salir vencedora, estaba derrotada por la vida, una vida que ella se busco. Tenía un trabajo en precario, sus dos hijas no trabajaban y seguían sin hacer nada en la casa. Cuando su madre regresa al hogar familiar continúa igual, haciendo todas las tareas domésticas. Durante días llora amargamente la decisión que tomo de irse a un país extranjero creyendo que iba a encontrar algo que tenía en su país y que con «las gafas» que a veces dejamos que los demás nos pongan vemos nuestra propia realidad distorsionada y fea cuando lo tenemos todo, incluso más de lo que necesitaríamos.
Yo no puedo ayudar a mi amiga, es más, desgraciadamente, cada día estoy más lejano a ella, puedo escucharle llorar, puedo verle desesperada, puedo escuchar sus lamentos, pero nada más. le puedo decir que tiene que cambiar de vida, pero nada más. Nadie vive las circunstancias de nadie y solo usted puede cambiar su mundo. Solo usted sabe a donde quiere llegar y como…pero no se engañe, le costará un esfuerzo, no espere que venga nadie, ni un Dios sobrenatural y ultra terreno a resolver de un plumazo, como si de una maldición Biblia se tratase, todos y cada uno de sus problemas.
Los milagros no existen…Es usted quien tiene la facultad para obrar milagros…obre su milagro, cambie su mundo…usted puede hacerlo…usted tiene una facultad que todos tenemos pero que nadie nunca nos enseña…¡usted puede hacer milagros!… y el mayor y único milagro que usted puede hacer es cambiar su mundo, su vida.
¡Amese! y el milagro ¡todos los milagros que usted desee los podrá realizar.
¡Amese! … ¡usted es el milagro!
